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Santa Cruz de Barahona
11 agosto 2020
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Pandemia. Hábitos responsables

ALFREDO YUNCOZA

Si de algo no queda duda es que el Covid-19, ha logrado impactar a ciudadanos, comunidades y organizaciones de una manera tal, que aún el planeta no logra recuperarse. Es lo más parecido a estar en un estado de shock, donde mientras la enfermedad avanza, golpea no sólo desde el punto de vista sanitario, sino que afecta a otros factores de naturaleza económica, social y cultural. 

Cada uno, desde su posición, trata de implementar aquellas medidas para de alguna forma minimizar los impactos. Pero también sucede que algunos, por ignorancia, por asombrosa indiferencia o premeditadamente se convierten en catalizadores del virus y, por ende, agravan las consecuencias.

Sensacionalismo. Una vez más, quienes producen noticias falsas, no han dejado pasar la oportunidad de convertir al Covid-19 en un poderoso generador de incertidumbres. Si bien es cierto que hay muchas preguntas por responder, las noticias falsas, amarillistas o sensacionalistas, construyen una espiral de interrogantes con la finalidad de magnificar los problemas. Recuerde que no todos tienen buenas intenciones. 
Apresuramiento. La necesidad de saber más y más rápido hace que se multipliquen todo tipo de versiones, falsos casos y hasta soluciones esperanzadoras. Leer sólo los titulares y no el cuerpo de los textos, no analizar las lecturas y compartir contenidos impulsivamente son sólo algunos de los hábitos que contribuyen a las malas decisiones. Son momentos para tomarse el tiempo necesario en validar las fuentes, leer y analizar, así como evaluar las consecuencias de las posibles disposiciones que vayan a tomarse.
Riesgos psicosociales. Subestimar los riesgos psicosociales y su impacto en los demás o en nosotros mismos es un error. Debemos evitar juzgar a la ligera el comportamiento de terceros. El sólo hecho de cumplir responsablemente una cuarentena, implica limitaciones de movimientos, comunicaciones en formas habituales, restricciones de espacio o eliminación de actividades que podrían haberse estado realizando desde que tenemos memoria. No sólo se trata de estrés, angustia, depresión o ansiedad, que pueden hacerse visibles en las conductas. Hay que considerar las consecuencias que se manifiestan en forma de enfermedades de la piel, musculoesqueléticas, respiratorias y cardiovasculares, entre otras. El apoyo emocional no debe descartarse y el mismo puede originarse en el grupo familiar, en el entorno laboral o por medio de profesionales de la salud.
Ignorancia e indiferencia. Varios Estados se han dado a la tarea de promover hacia los ciudadanos, campañas amplias, constantes y detalladas sobre el Covid-19, sus causas, consecuencias y medidas preventivas. Pero lamentablemente estas iniciativas no son algo común en todos los países. Los efectos no se han hecho esperar. Se ha vuelto peligrosamente común que muchas personas no usen, por ejemplo, mascarillas. Casi semanalmente los medios de comunicación informan sobre alguna celebración masiva donde las autoridades han tenido que intervenir. En algunos comercios, que en principio fomentaron el distanciamiento físico, hoy permiten aglomeraciones en sus locales. Reuniones casuales en las calles son aprovechadas para compartir despreocupadamente y sin protección, bebidas, comidas o cigarrillos. Las características de esta pandemia no dan cabida a dejar exclusivamente en el Estado lo que indudablemente es su responsabilidad. Es urgente que cada ciudadano asuma una posición activa y responsable tanto en buscar las fuentes de información como en implementar y mantener las normas de prevención. Cada indiferente es un cómplice de la propagación.
Delitos. Aunque como es normal, los ciudadanos tienen puesta su atención en su salud y proveerse de los insumos básicos necesarios, es recomendable no perder de vista las actividades delictivas de su entorno. ¿Los criminales se han visto afectados? Si. ¿Han disminuido su actividad? No necesariamente. Por ejemplo, los traficantes de drogas saben que tienen un mercado donde los niveles de dependencia no han disminuido. Por otra parte, los falsificadores de insumos y productos han incrementado sus movimientos comerciales. Vemos, por ejemplo, mascarillas que se venden con características de protección que no poseen, líquidos y gel cuyas composiciones químicas no son las que indican las etiquetas y hasta equipos de medición y desinfección que son totalmente inútiles ante el coronavirus. Aunque la solidaridad y actos nobles han estado presentes, existen quienes no tienen el más mínimo interés en cómo afecten a los demás, su sólo objetivo es obtener ganancias sin importar los medios. Me hace recordar a William Shakespeare quien dijo “El infierno está vacío y los demonios están aquí”.
Nadie sabe con certeza el derrotero que vamos a tomar, cómo ni cuando vamos a superar todo. Informarnos adecuadamente, aprender a gestionar los cambios y asumir una posición responsable de nuestros actos, pude convertirnos en líderes positivos que agregan valor a su entorno.
ayuncoza@gmail.com
Twitter e Instagram: @alfredoyuncoza

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