Ramón Núñez Hernández
Memoria de Enárboles Cuentes. Es el producto de la puesta en práctica de un sujeto escritor que intenta afianzarse en un puesto dentro de auge, y es un privilegio bien merecido en la historia literaria de Hispanoamérica, pero ausente en nuestro país, sólo por falta de continuidad en el ejercicio escritural.
Es una “novela escrita con paciencia para ser leída con veracidad”, tal como reza el título del volante publicitario, porque sirve diversas condiciones: motiva a la lectura viva, dinámica. Es decir, es seductora del lector, lo conquista y le produce la vitalidad recreativa que puede obtenerse de una obra de arte.
Está cargada de humor desde el inicio hasta el final. No hay contagio de compromiso e ideologicismo politiquero, aunque su protagonista (persona real con vida activa en la política partidaria) estuvo en prisión por su participación partidaria, su repudio al régimen y abanderamiento izquierdista.
Es una novela algo pícara que cuenta acciones infantobandálicas de un jovenzuelo sin ocio, sin orientación e inventor de las más dañinas travesuras porque andaba como chivo sin ley, y que cuando encuentra orden, disciplina y trabajo, termina redomado, convertido en un profesional en un intelectual modelo. Ese personaje ficticio de la novela poeta, político izquierdista y abogado de hoy-día, es Víctor Villegas en biografía novelesca, con sus misterios de nacimiento, su historia legendaria y su decir en torno a su origen, algo propio de la mitología grecolatina.
A continuación, nuestros dos textos, que son fragmentos del capítulo. I, de la novela, y el otro, palabras de Víctor Villegas hablábamos de su vida, de su nacimiento en el mar de las costumbres de su pueblo y de su gente. Léalo, intérprete y extraiga conclusiones.
Mi madre se daba un baño de mar, en la Playa del Muerto, en San Pedro de Macorís, una tarde de septiembre en la que el sol se vanagloriaba de su energía. Permanecía de pie y el agua tocaba muslos arriba. Movía las manos para saludar a quienes esperaban en la orilla, agitaba agua cual si fuese un niño criado con restricciones. Ocurrió de súbito y sólo lo advirtió mi madre.
De las entrepiernas brotó un líquido de coloración imprecisa cuyas gotas se integraban al mar lentamente, como si resistiesen ser absorbidas por éste. Mi madre miró displicentemente hacia abajo y pretendió disimularlo tirándose puñados de agua. Nadie reparaba en que esto sucedía, ni siquiera mi padre ni las hermanas de mi madre, pero minutos más tarde se alteró la paz en la playa.
Mi madre abrió espléndidamente los ojos, emitió un grito asustadizo y de asombro a la vez que corría hacia cualquier lado una parte de su ropa. Contagiados de pavor y confusión, mi abuela y otros parientes se acercaron a ella y ya su semblante mostraba apuros de una acción trabajosa. “Creo que estoy pariendo”, fue todo lo que dijo… Una mujer morena, apodada Cocola, ignoró el reclamo de “¡tijeras!” que sonó de boca en boca y se acuclilló frente a la parturienta a cortar a puras dentelladas el conducto que, persistente, ataba a la cría con la progenitora.
El niño casi se ahoga, estuvo clínicamente muerto. Cuando levantaron aquel muchacho rojizo, nadie le veía los ojos, su pelo chorreaba hacia todos l os lados de la cabeza. “Parece un chino”, dijo una señora que quizás procuraba aflorar tenciones… En la orilla, enjuagaron al niño con agua de coco y lo envolvieron en una toalla. Mientras la vestían sobre una cama de pencas, mi madre asumió conciencia de sí y exclamó:
-¿Dónde está mi chino? Yo quiero ver a mi chino.
Cita No. 1
Yo soy mitad pez y mitad hombre: en pueblos del litoral (Este) era de costumbre que mujeres en estado de embarazo se bañaran en el mar a ciertas horas de la tarde, o temprano a la caída de la tarde, y regularmente se hacían acompañar de sus parientes más cercanos porque se suponía que este tipo de actividad viabilizaba o facilitaba el proceso del parto, es decir, ayudaba al nacimiento de la criatura. Amén de que respiraban aire puro, rico en yodo y sal. Mi madre, junto a su abuela y otros parientes, hizo esa actividad en el mar en varias ocasiones hasta el último mes de embarazo, un 22 de septiembre de 1924, estando ella bañándose en el mar, sintió dolores de parto, de tal manera tan avanzados que dentro del agua me dio a luz con la ayuda desesperada de mi abuela y otros parientes. Estuve a punto de ahogarme en el mismo instante: creo que soy mitad pez y mitad hombre. Mi poesía es marítima, ardiente y fluvial.
Cita No. 2

En Memorias de Enárboles Cuentes, Rafael Peralta Romero nos muestra una prosa variada, con un estilo depurado y mesurado, propio de un escritor que desea comunicarse con el lector. No es una buena novela, pero llena la expectativa esperada. Consta de once capítulos y está escrita en el tiempo cronológico, lineal, a la manera tradicional y donde el sujeto-narrador es protagonista de sus incontables travesuras y vicisitudes, con su amargura, sus penas, su dolor y su augurio abierto hacia el futuro. Todo aparece plasmado en la escritura: el nacimiento en cuna acuática y su creencia profética inyectada por el doctor de Wint; el descubrimiento de un hermano gemelo que la tía materna que era estéril, adopta y vuela a Castilla para siempre; su primer negocio con la venta de sangre ; su primer amor junto a sus encuentros a escondidas y relación sexual con Charlotte Amallie, quien es la musa de sus versos apasionados y sueños truncados; su encuentra en el monte con la haitianita en una acto sexual no consumado a causa del miedo y su inexperiencia con mujeres; la imaginación de los conejos gigantes, los monos acuáticos y el hallazgo de la ballena muerta entre los arrecifes; sus travesuras en busca de naranjas, otras frutas y las malas jugadas de sus compañeros en el monte; la prisión por robo; el peligroso juego con los tiburones; la ignorancia de los padres en el momento de inscribirlo en la escuela con nombre y apellido, por qué lo llaman chino: su primer trabajo en el restaurante con sueldo de cinco pesos mensuales; el negocio de cobrar a los niños un chele por brechar a las prostitutas; la cárcel nuevamente por vender taquillas en el cine ilegalmente; el acto de alumbramiento de la jovencita Charlotte de cuatro niños en el Hospital del Doctor Georg; la desaparición de Charlotte con los cuatrillizos y luego, la creencia de que lanzando botellas con papeles escritos y fotos suya en ríos y mares por Europa y otros lugares podía encontrar a sus hijos y al hermano generó; las detenciones y desapariciones y la prisión en manos del jefe del Sin Yohnny Abbes; su experiencia activa en la guerra del 65 y su apasionado sentimiento que él dic corre por la vena sobre la poesía. Por eso es poeta.
En fin, la esperanza termina con la resignación de un hallazgo que no existe, y si realmente existió, solamente en la imaginación del poeta recreó vida verdadera. Pues la novela como arte que es en efecto, que cuenta sucesos o hechos inverosímiles, aunque se nutre de la realidad, eso es lo que ha escrito R.P.R. Una fantástica historia partiendo de la biografía del poeta Víctor Villegas, un profesional abogado de oficio catedrático universitario que inventó, creó y alimentó un mundo de fantasías, o tal vez real, en torno a su persona empezando por sus progenitores –doña Gloria y Jesús, la abuela, la tía materna sin hijos, porque era estéril- con sus vicios, sus costumbres, sus creencias empapadas de tradiciones y su vivencia en el barrio La Arena del Pueblo San Pedro de Macorís, el Macorís del Mar.
En la novela, su autor introduce personajes fidedignos que tuvieron destacadas influencias en San Pedro, como fueron: el Dr. Georg, el Dr. D. Wind, Contín Aybar y los obreros inmigrantes de origen británicos, encabezado por el devoto predicador de la Biblia, Willy, Padre de Charlotte Amable. Además, los diversos amiguitos de travesuras, los colegas de estudios y los camaradas de la política. Estos nombres confieren veracidad a la narración. No obstante, el parto de cuatro criaturas varones en una niña de 10 años sólo tendría cabida en la imaginación de un poeta. Creo que es imposible, agregando también los nombres divinos de los cuatrillizos: Joseph Moisés, Joseph Sigfrido, Joseph Edipo y Joseph Amadís. Símbolo de grandeza que podría ser: Galoar, Tristán, Galvany o Lancelot.
Del mismo modo, es cuestionable el misterio creado con el hermano gemelo. Si en realidad existiera, pudo volver a su raíz por dos razones. En parte. Fue adoptado por una hermana materna y no una desconocida, y la otra, entre España y la República Dominicana hay comunicación muy estrecha. Podríamos afirmar que de parentesco. Más lea la obra y entreténgase, penetran do al círculo de los misterios onomásticos. La biografía novelada de Víctor Villegas- el poeta, el abogado, el catedrático como le conocemos- o Martín Manuel de Soto Leiba, su verdadero nombre que nadie conoce, o como él dice llamarse Enárboles Cuentes, porque así se llamó un enamorado de mi madre del cual puede haber sido hijo, en caso de cuajar la relación” (p.111).
Distinguido poeta, dé gracias a Dios que no lo bautizaron con ese nombre tan pesado, tan antiestético, porque si así tuvo tanta amargura y desventura, con Enárboles Cuentes, hasta la puerta del cielo la tuviera cerrada.
1. Peralta Romero-Rafael, Memorias de Enárboles Cuentes, Editora Manatí, Santo Domingo, 2004.
2. Cuevas Julio, Visión Crítica en Torno a la Poesía de Víctor Villegas, Editorial Santo Domingo, 1985.

