
Joel Julio García…autor de la obra
Como artesano de la palabra considero que la poesía es una casa que nos pertenece a todos. Es un refugio para soñar, resistir y abrazar la musicalidad del lenguaje de una manera distinta. La imagino, a veces, como una ventana por la cual el poeta observa el bosque que habita dentro de sí. A través de la obra poética se evidencia que somos un proyecto espiritual, un despliegue de imaginación, una luz que viaja y que puede ser bella mientras dura.
Mis poemas son inseparables de mi tiempo y de mi tierra; podría decirse que llevo la geografía en el cuerpo. Mi vida y mi isla se reflejan en la forma en que dibujo el poema. Permítanme decirlo de otra manera: mi ser es isla, no aislamiento; soy un espacio para los vuelos universales. Desde niño, escribo para comprenderme, para sentirme geografía musical e infinita. Existo y me entrego a cada instante a la poesía con el corazón descamisado. Abrazo el mar como se abraza el amor, busco convertir las palabras en un diamante temblorosamente azul. A ellas las extraigo de la tormenta, pues, adormecido el torbellino, como dice Henri Michaux, queda la joya.
Busco versos como mi abuelo buscaba peces en el mar. Encuentro textos que surgen con la misma paciencia, recordando el noble oficio del pescador. Cuando un artista crea su propio mar le da sentido a su corazón, ya sea en las profundidades o en la soledad. Al igual que Jesús multiplicó los panes y los peces, los creadores realizan una tarea similar: atraviesan los temblores internos para llegar a alguna orilla y, además, para compartir el amor que su mar les ha regalado. El poeta ha venido al mundo para ofrecer el alimento que las almas necesitan.
En resumen, queridos amigos, persigo las palabras vibrantes, aquellas que revelan la desnudez del mundo, las que sirven de abrigo en los días en que algo nuestro, algo muy hondo, hace falta. De este modo, en tiempos de dolor, desde las profundidades de mi existencia, nace un poema, el pequeño fuego de mi alma que me protege de las espinas de la vida, y es también un espejo para que mis hermanos descubran mi interior. Soy ese poema que siempre llevo entre las manos, es decir, la música que mi ser captura en el polvo y las constelaciones.
Muchas gracias.
Santo Domingo septiembre, 2024.

