
Distinguidos Miembros del Comité Organizador de la Doceava Feria Internacional del Libro, Neyba 2025, en las Personalidades de Nouel Florián Pérez, Ramón de Jesús Núñez Duval, su Asesor Luesmil Castor Paniagua y Otras Personalidades Presentes.
Maestra Solángel Román, mi Estima y Respeto.
Distinguidos Amigos y Amigas del Movimiento Universitario “Nuevo Humanismo Académico”.
Escritores, Gestores Culturales, Alumnos y Docentes.
Señoras, Señores y Público General.
Y CONOCÍ A UNA POETA:
A la poeta Solángel Román la conocí declamando un poema suyo que lleva por título “Mujer”. Ese día se presentaban tres obras literarias en el Recinto Universitario UASD-Barahona: “En el álbum familiar”, de Ramón Núñez Hernández -del que tuve el honor de presentarlo-; “El breve instante en que la luna cae al mar”, de Ramón Pérez -presentado por Oscar Acosta Pérez-; y éste de Solángel Román, titulado “Poemas de amor, dolor y rebeldía” -presentado por Víctor Cuello Ramírez- y que ahora tenemos el honor de presentarlo.
El Movimiento Nuevo Humanismo Universitario hacía presencia en Barahona de la mano del neybero Francisco Acosta Pérez y de su prima Rosalía Sosa Pérez. Recuerdo que fue una tarde-noche de mucho contenido poético, intelectual y académico. Al final de los finales de la noche, Solángel me autografió el volumen que hoy me ha servido de fuente para la presente disertación.
El libro, de portada blanca y tipografía rosa, lleva prólogo del destacado poeta Mateo Mórrison y una contraportada comentada por el poeta neybero Julio Cuevas. Reúne, en sus 58 páginas, un total de 36 poemas escritos en versos libres y fue impreso en la Editora Amigo del Hogar, en febrero de este año 2025.
UNA APUESTA POR EL LENGUAJE:
Lo primero que suscita este libro es una reflexión sobre el término poetisa. ¿Por qué “poetisa” y no simplemente poeta? Si hubiera que adecuar la palabra a un género, el masculino debería ser el derivado: poeto. Pero lo de “poetisa”, con su carga diminutiva e innecesaria, no le hace justicia a mujeres capaces de escribir un libro como éste. Y este libro es, en su conjunto, una rebelión estética y existencial: rebeldía en la forma -por su libertad expresiva- y rebeldía en el fondo -por su carga crítica-. Incluso, el debate entre poeta y poetisa es un gesto de ruptura. La voz femenina exige su nombre propio: no una derivación, sino una identidad poética completa y así hacemos buena justicia estética.
Solángel Román no necesita del género para definirse: su voz poética trasciende el nombre. Es poeta, sin derivativos. La poesía es expresión, diríamos que expresión artística, racional, sutil, humana, punzante, revolucionaria. Como un niño inocente, Solángel no oculta nada en su discurso, y cuando lo hace, lo hace con la elegancia que ofrece la creación literaria. Dadas estas razones es que ponemos total atención al extraño y rico manejo del lenguaje, todo sobre el cuerpo de una poesía que no se limita sólo al lirismo, sino que piensa y es conciencia crítica en un tiempo de crisis social, moral y por qué no tecnológica. Es la poética del sentir (“Inquietud”, pág. 22), donde expresa: “Siento que odio a alguien hoy, debe llover”. Sí, debe llover, debe cambiar.
El verso “No escribiré palabras, sino granadas” corresponde a una metáfora bélica. La poeta equipara sus palabras con granadas, transformando el acto poético en un acto de guerra, de resistencia y de rebeldía de la palabra frente a la opresión o el silencio. Se revela el llanto, la queja, la lucha, la evidencia, el vacío (Inquietud”, pág. 22).
En “Lléname de palabras y cegaré a Dios” (pág. 23), la poeta alcanza una hipérbole mística: el lenguaje se vuelve divino, creador, capaz de igualar el poder de lo sagrado.
-“Ansío tu presencia en mis sentidos” y “absorberte en mi vientre” (pág. 15) es una metáfora erótica y a la vez una sinestesia, donde lo sensorial y lo corporal proyectan el deseo como totalidad, uniendo lo espiritual y carnal.
-“Es posible que vuelva. Y si no vuelvo, búscame en el vuelo sutil de las gaviotas” (Nostalgia, pág. 25). Se trata de una metáfora. La gaviota representa el espíritu libre, el alma que se eleva por encima del dolor o de la distancia o como trascendencia del ser más allá del cuerpo y el tiempo.
-“En una diáfana noche naciste, razón” (Eximio letargo, pág. 33). Se trata de una personificación y antítesis. La razón es un ser que nace en la noche. Aquí se contraponen luz y oscuridad para expresar que el pensamiento surge del conflicto dialéctico.
-“Aprendiste a transitar con el agua desnuda” (pág. 33), es una metáfora donde “Agua desnuda” alude a la vida en su pureza, sin alteraciones.
-“Qué fría e indiferente es la celda del dolor.” Es una personificación donde el dolor se convierte en una “celda” o una prisión emocional (pág. 20).
-“Una vaga y triste sonrisa que deambula sin norte cierto” (“Nostalgia”, pág. 25). Una personificación, que a la vez es imagen de la vaciedad emocional posterior a la pérdida.
-“Gime mi piel” (pág. 38) es una personificación y a la vez una metáfora sensual o forma de erotizar el lenguaje mostrando el cuerpo como espacio de emoción viva, no solo carnal.
-“Quién llenará mis manos vacías que extendidas tiemblan de dolor y desamor” (Versos de una noche gris, pág. 26) es una metáfora existencial en la que las “manos vacías” simbolizan la carencia afectiva y espiritual y el eco físico de la ausencia.
-“Y sus alas temerosas, embriagadas en su sexo, absorbiendo su esencia, van transformando dos cuerpos en una inmensa y lírica piel azotada por tórrido vendaval de alborozo” (Cálidos vientos, pág. 45). Es una hipérbole en la que se produce una fusión total del amor y la naturaleza en una mezcla de los sentidos (vista, tacto, movimiento) con lo emocional y espiritual.
-“Hoy eres sombra de luz, un pretérito resplandor que emigró entre recuerdos imperecederos” (Sol, pág. 46). Es una antítesis y a la vez metáfora temporal que combina los opuestos, expresando la pérdida del esplendor. El sol -que es símbolo del amor, la vida o la divinidad- se convierte en recuerdo.
-“Corrompieron tu nombre, te tatuaron cicatrices, donde brotaron flores” (Mujer, pág. 18). Es una metáfora de resiliencia, puesto que aquí el daño se transforma en belleza. Es la redención femenina, que convierte el sufrimiento en creación. “Naciste una noche clara, salpicada de aurora”. Es una metáfora convertida en símbolo de la esperanza, pues la mujer nace entre la noche y la aurora, o sea, de la oscuridad hacia la luz que se expande.
-“El pasado nos persigue, cual cuenta en el collar del tiempo” (Voz, pág. 16). Es una metáfora en la que el tiempo se representa como un collar, cuyos momentos son cuentas encadenadas. Es una visión circular del tiempo, donde el pasado sigue presente, pero también como joya preciosa. Es la vida como ornamento y carga.
-“He pintado mis uñas, pero no he podido pintar mi dolor” (Mi sino, pág. 24). Es una antítesis que contrasta lo superficial (las uñas pintadas) con lo profundo (el dolor no disimulado). Es una crítica al disfraz social del sufrimiento y refleja la dualidad entre apariencia y esencia, muy de moda en el mundo de hoy.
TEMAS UNIVERSALES Y SUGERENTES:
A lo largo de todo el discurso poético del libro, dentro de su ropaje literario y artístico, se detallan varios temas de trascendencia humana y universal. Y los mismos los podemos extraer de sus propios versos.
El primero es el tema del amor. El amor se expresa como viaje cósmico, unión de lo humano con lo universal: viento, sol, agua, piel y fuego son metáforas recurrentes que expanden el sentimiento más allá del cuerpo.
El poema titulado “Anhelo” es desgarrador. Aquí la presencia va a los sentidos, a la percepción, que es quien ilustra la realidad. Los sentidos perciben a su manera la realidad. Es un poema de posesión varonil. “Ansío tu presencia en mis sentidos”, y “absorberte en mi vientre”. Igual en el poema “Desvelos de amor” (p. 30), sobre el pasado y el sentir.
En “Noche gris” se arriesga por el amor, el amor único y eterno y la fidelidad al varón. “Insondable cicatriz que no ves y solo yo siento” (pág. 20).
En “Versos de una noche gris” (p. 26), se narra el desamparo tras el amor. “Quién llenará mis manos vacías que extendidas tiemblan de dolor y desamor”.
En “Tu mirada” (p. 39) se apela a la presencia del ser amado. La cercanía geográfica o física no necesariamente es presencia, porque la presencia es atención. Desde el poema inicial, “Anhelo”, la poesía se vuelve cuerpo, sentido y deseo.
En “Innombrable” (pág. 54, la vejez es una continuidad del amor. Este poema es muy parecido a “El amor en los tiempos del cólera”. La vejez es un pasado largo, tan largo que llega al presente.
Muchos poemas revelan una melancolía luminosa. En “Línea de locura” (pág. 36), Román nos recuerda, con tono machadiano, que “todo pasa y todo queda” y que el sufrimiento por lo ajeno es una torpeza del alma.
El erotismo en Román es delicado y vehemente, nunca vulgar. En “Desvelos de amor” (pág. 30), “Única piel” (pág. 55) y “Cálidos vientos” (pág. 45) el cuerpo es territorio de encuentro y fusión, donde la piel “exclama dosis de ti” y las alas del deseo “van transformando dos cuerpos en una inmensa y lírica piel azotada por un tórrido vendaval de alborozo”. En los poemas “Senderos de ternura” (p. 34), “Huésped furtivo” (p. 35) y “Abrumados sueños” (p. 42) cunden el erotismo, la elegancia, las insinuaciones femeninas al varón, al amor macho dominante y deshumanizado. El poema “Cálidos vientos” es un zarpazo. Interpretarlo es limitarlo y por eso sólo lo cito: “Y sus alas temerosas, embriagadas en su sexo, absorbiendo su esencia, van transformando dos cuerpos en una inmensa y lírica piel azotada por tórrido vendaval de alborozo.” En el mismo tenor se destacan “Febriles deseos” (p. 56), “Límite del olvido” (pág. 57), con su amor-cosmos, y “Sortilegio” (pág. 58), con una actitud pasiva que ya lo ha calculado todo. El poema “Piel” (p. 49) revela a la poeta con la “piel que exclama dosis de ti”. Sin piel no hay encuentro amoroso. Es el órgano más extenso del cuerpo, por donde entra todo, incluyendo las caricias y también el amor en toda su extensión.
Nos llega aquí el poema “Voz”, (págs. 16 y 17). Es un canto al valor del momento y el impacto de la distracción en la sociedad del espectáculo. Cada momento es una obra maestra de la vida y la poeta lo dice: “El pasado nos persigue, cual cuenta en el collar del tiempo.” “El tiempo, un arroyo del torrente”. Es un café, un recital, el acto del amor, la feria del libro, una canción de Silvio. Cuánta riqueza en tan solo unos momentitos. La poeta invita a vivir el presente eterno a través de la cuenta de los momentos. Cada momento es un todo y lo es todo. Y la vida consiste en ponerles caso. Ir al pasado es ir al momento, a los momentos, a las gotas. Román reflexiona aquí sobre la fugacidad de la vida. El tiempo fluye como un torrente donde se entrelazan amor, arte y memoria. Vivir, para la poeta, es prestar atención al presente eterno, a esas gotas de vida que dan sentido al todo.
En “Eximio letargo” (pág. 33), la filosofía y la poesía se funden: la razón nace del dolor, del conflicto. “En una diáfana noche naciste, razón”, nos dice el verso. Es una imagen poderosa: se presenta a la inteligencia como hija de la noche, desnuda y consciente, que aprende “a transitar con el agua desnuda”.
El poema “Esperanza” (p. 40) nos plantea el dilema de la dignidad humana frente a un mundo hostil. ¿Qué es la dignidad si por delante está la sobrevivencia? El poema “Ritus” lo sintetiza: “Lo muerto, muerto está”, recordándonos que solo la vida y la creación pueden vencer al vacío. El poema “Línea de locura” (p. 36). Por ejemplo, el poema “Sol” es un canto a la majestad, a la grandeza sideral que sin embargo cabe en un beso de almohada. El sol ausente, que se va y se anhela. El sol que es el gran hacedor de la vida y sin embargo la poeta dice: “Hoy eres sombra de luz, un pretérito resplandor que emigró entre recuerdos imperecederos que dejaste un día cualquiera en el inmenso desahogo del firmamento.”
El poema “Patria” (pág. 48) es una invitación a la luz. En tiempos de crisis, la poesía ilumina. Hoy, aun en medio de tantos avances científicos y tecnológicos, estamos inmersos en una de las peores crisis: la crisis de la identidad, de los valores, la crisis del espectáculo, de la anticiencia. En el poema “Minerva Mirabal” (pág. 52)se le canta a la Heroína de Noviembre, que nació cual vuelo de paloma, o sea, que nació para la libertad. Y es aquí justa la simetría con la imagen con la canción Pueblo Blanco, del Joan Manuel Serrat.
QUÉ SIGNIFICA ESTE LIBRO:
Damas y caballeros:
Este libro significa muchas cosas: amor, dolor, rebeldía. Amor por la vida, dolor por la muerte y rebeldía ante lo vulnerable. “Poemas de amor, dolor y rebeldía” no es solo un libro, sino también una poética del sentir y del pensar, una invitación a vivir con intensidad, a defender la dignidad desde la belleza. Estos poemas son, en definitiva, una rebelión estética y existencial. Rebelión en la forma y en el fondo. Rebelión que nos devuelve la fe en el poder del lenguaje, en la vigencia del verso y en la fuerza inquebrantable de la mujer y la palabra.
En estos tiempos dominados por la distracción pueril y el espectáculo, la poesía nos recuerda que ningún subterfugio vago podrá jamás reemplazar el ingenio que nace de la verdadera experiencia humana. Y hoy, en medio de la Feria Internacional del Libro Neyba 2025, este libro se erige como un faro de resistencia luminosa y como un gran testimonio de la vida.
¡¡¡Muchas Gracias!!!
Francisco Acosta, Nouel Florian Perez, Nouel Florian Perez, Ramon De Jesus Nuñez Duval, Ike Mendez, Yadel Subervi, Jose Roberto Ramirez Fernandez, Solangel Román.

